lunes, 15 de noviembre de 2010

El porqué mi blog se debería llamar "Un Espacio Para Sentir"

No sé, hoy lo pensé. Cuando decidí ponerle el nombre de "Un Espacio Para Vivir" y si ustedes leen mi primer blog (de hace más de un año), se darán cuenta que inicialmente estaba destinado a un lugar en el cual yo podría desahogarme y contar las cosas con toda la sinceridad del caso. Como si en la vida real, no fuera lo suficientemente sincero. Seguro en esa época no lo era.
Bueno, eso ha cambiado. Les conté que después de un año, de no haber aparecido para escribir, mi vida había cambiado. Para bien. Ahora digo las cosas que pienso y que siento y no me guardo nada. Bueno... no al punto de decirlo todo, pero... ustedes me entienden.
Ahora, vuelvo a retomar la historia de Halloween. Jejeje. Hoy, 15 días después, tengo una historia muy buena para contar. Y la contaré tal y como sucedió.
Mis amigos y yo, salimos a una fiesta en Breña, uno de los distritos que componen la ciudad de Lima. Queda hacia el centro, un sector no tan bonito, pero la fiesta se veía prometedora, con bandas de rock en vivo. Y, como les había dicho antes, tenía todo listo, antifaz, ropa y mucha actitud. Si les dijera que cuando comenzó la noche, no sabía que iba a terminar de esa forma, sería una gran mentira. Desde que comenzó la noche, sabía que iba a ser una noche increíble. Lo sentía en la sangre. La Luna llena que acompaña las noches de Halloween hace que la sangre circule más rápido y que la sangre se te suba a la cabeza. Como lo hace la Luna con la marea. Bueno, al menos esa es mi teoría.
La fiesta en Breña murió a causa de la falta de licor. La cerveza se acabó, por lo cual, nosotros decidimos partir del lugar, rumbo a Lola, un sitio gay, situado a 3 cuadras de mi casa. Está justo a la vuelta de la casa de mis amigos, Julio y José.
Una vez en el sitio, el consumo de licor y, vuelvo y les repito, la Luna llena, hicieron que me sintiera a gusto con la música, la cual empecé a disfrutar y empecé a bailar. No sé qué bailaba. Pero bailaba!
Con el baile, el trago, la risa, la diversión, una mirada se quedó fija en mí. Así que devolví la mirada y respondí con una sonrisa, a un chico que bailaba a no más de un metro de distancia. Luego, hablamos y una cosa llevó a la otra. Terminamos en su casa, hablando y cerramos la madrugada con un par de besos. Luego nos acostamos a dormir y en la mañana, la resaca no nos dejó continuar con nuestro romance.
Finalmente, pasado el medio día, me dejó en un restaurante, cerca a mi casa, donde me esperaban Julio y Jose para tomar el brunch. Y ahí fue el mejor momento. Él lanzó la pregunta y debo reconocer que le salió muy natural: "Y tu número... ¿me lo das?". Yo sentía que mi corazón se estallaba de emoción al oír que alguien me pedía el número. No sé, pareciera que hubiera pasado mucho tiempo desde la última vez que me lo pidieron (el número, claro). La verdad no recuerdo cuándo fue esa última vez, pero sentí que ésta fue la primera vez en que me sentí demasiado feliz de que alguien me pidiera el número.
Hemos hablado un par de veces, nos vimos el fin de semana pasado y todo ha sido super tranquilo. Disfruto hablar con él, verme con él y estar con él. Me encanta su sonrisa, su pelo, su voz, su acento. Estamos comenzando a salir, así que las cosas deben ir con calma. No muchas ilusiones, no deben todavía sonar campanas de iglesia en mi cabeza. Aunque en mi caso, creo que jamás llegaré a casarme por la Iglesia.
Bueno, parece que para algunos funcionan las cosas en Halloween, como fue mi caso. Para otros no tanto. Al mismo tiempo, que esta nueva historia sucedía, en Colombia las cosas no parecían ir tan bien con Camila y su chico, ni con Claudia y su chico.
El chico de Camila le terminó de un día para otro, sólo con la explicación que tenía muchas cosas en la cabeza y que en ese momento no tenía tiempo para dedicarle a ella, que sería injusto estar con ella. Todos estamos sin entender. Hay más suspenso en esta historia, debo decirlo. Las cosas parecían ir bien para los dos, pero al parecer uno no estaba tan conforme con el otro. Eso me hace pensar si cada vez que tengamos problemas en la vida, en lugar de acudir a la persona que amamos, o a la persona que está a nuestro lado, vamos a alejarnos de ella, a terminar con ella. ¿Es lógico este comportamiento? ¿Deberíamos todos hacer lo mismo? Yo pienso que no. Las relaciones nos deben ayudar a superar las cosas. Siempre tiendo a comparar las cosas, dicen que las comparaciones son odiosas, pero a veces sirven en su momento. Este es uno de ellos.
Yo comparo la relación de una pareja, con la relación entre una persona y la empresa en la que trabaja. En un caso hipotético, dónde no te importara quedarte sin trabajo, cuando no te sientes a gusto con la empresa en la que laboras, simplemente pasas una carta renunciando y no vuelves más. Lo mismo pasa con las relaciones. Pasas un aviso, le dices a tu pareja: "Hasta aquí vamos". Pero al final, no es justo para ninguna de las dos partes. Sobre todo, para la que recibe la noticia.
Bueno, en el caso de Claudia, parece que fue una pequeña pelea y un intercambio de palabras, los que hicieron que ella y su chico terminaran. Parece que esa historia llegó a su fin.
Ahora, tengo a dos amigas solteras. Gin sigue saliendo con George, o al menos eso espero. Andrés, creo que sigue soltero (mi mejor amigo, que vive en Argentina). Esperemos a ver qué sucede con estas historias.
Por cierto... me acaba de llamar a saludarme. Parece que todo marcha muy bien. Me encanta. Es lo único que tengo para decir por ahora y lo bueno, es que lo he dicho a todos mis amigos. No he tenido que ocultarlo. Saben, cuando les dicen frases como: "No le cuentes a nadie, o sino no te va a funcionar" y nos creemos que eso es cierto. Es hora de romper paradigmas. Sí puede funcionar y es lo que está sucediendo en este momento. Por eso, es tiempo se sentir y es tiempo de hacer que mi blog sea Un Espacio Para Sentir.

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