domingo, 16 de enero de 2011

Prueba Superada

¿Cómo damos el paso de "me gustas" a "te quiero"?
Aunque hasta el momento no lo haya dicho, no significa que no lo sienta. Sólo que esta semana el sentimiento aumentó un poco más. El domingo me acosté pensando que Eduardo me gustaba mucho, el lunes me desperté pensando en él y a medio día ya sabía que lo quería.
Eduardo es el chico que conocí en Halloween y seguimos saliendo. Todo estaba bien, hasta el lunes que comencé a pensar en él de manera constante. Literal. No paraba. Ahí, comencé a hacer análisis de las cosas que habíamos hecho, lo que me había dicho, lo que no decía, etc. Al final terminé sin una respuesta clara y con dolor de cabeza.
Entonces me preguntaba si estaba dispuesto a vivir la incertidumbre de una relación que al parecer, no iba a evolucionar más allá de "estamos saliendo". Afortunadamente, para mi tranquilidad el sábado comprendí que no necesito tener el título de "novios" para saber que me quiere. Sus acciones lo dicen todo. Sin embargo, yo seguía analizando.
Ayer se fue para Bogotá por trabajo 2 semanas, entonces en la noche salí con un par de amigos limeños. Durante la noche, todo pasó sin mayor novedad hasta que vi los zapatos del chico que bailaba a mi lado. Eran zapatos negros de cuero cuadrados y de punta larga y plana. De ahí para arriba, tenía unos jeans y un saco de rayas horizontales bastante apretado, que no le favorecía por su voluminoso cuerpo. Así que le dije a uno de mis amigos: "Me intimidan sus zapatos". Él me dijo: "¿Por qué? ¿Por que son de cuero?" Yo le dije: "No, por el mal gusto". Luego de eso, volví a mirar los zapatos y me reí. El chico, se volteó y me dijo: "¿Qué putas estás mirando? Si me sigues mirando así, te pego. Te puedo pegar delante de todos, no me importa". Así que decidí quitarme de su lado. Me fui hacia la barra, pero él me siguió y cuando estuvo cerca pasó y me pegó una fuerte cachetada.
Al rato, fui a buscarlo y le dije: "Vengo a ofrecer mis disculpas por lo que sucedió. No debí quedarme mirándote y luego reirme". A lo cual, él respondió: "Soy amigo de los dueños, he venido muchas veces y nunca me habían mirado así. Supongo que es raro para alguien que seguro es la primera vez que viene". La verdad, no era la primera vez, pero no lo iba a discutir y ante su descortesía decidí volver donde mis amigos. Cuando volví, uno de ellos me dijo: "Tu fijación son los zapatos. Siempre los miras". Yo lo corregí: "Mi fijación son los zapatos correctos, con el estilo correcto, en el hombre correcto". Ahí descubrí que mi fetiche son los hombres que tengan estilo para vestir y que sepan escoger sus zapatos.
Sin embargo, me preguntaba porqué el chico me había pegado. ¿Será que si eres amigo de los dueños puedes pegarle a los demás? Decidí no darle más vueltas al asunto y olvidarlo con gin & tonic.
Había otro asunto del cuál debía ocuparme esa noche. Existía cierta química entre uno de los amigos que me acompañaban esa noche y yo. Había aceptado salir con ellos para poner a prueba mi "fidelidad" con Eduardo. Durante la noche hubo miradas, sonrisas. Una especie de flirteo sano. Pero hubo un momento que lo miré y supe que la química se había acabado. Él fumaba un cigarrillo y cuando lo tiró al piso para apagarlo con su zapato, entonces pensé: ¿Será posible que la química que hay entre dos personas puede acabarse de la misma manera en que apagas un cigarrillo? Para mí, fue una prueba superada. Podría salir de fiesta con él cuando quisiera, sin que nada pasara entre los dos.